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Los Hombres que Descubrieron Asiria


Descubriendo los secretos de Asiria
                                                 Recreación de la Ciudad de Nimrud

Con el inicio de las grandes expediciones arqueológicas en el siglo XIX se abría un debate sobre los derechos de tutela y conservación de unos tesoros arqueológicos que pasarían a engrosar los fondos de museos tan importantes como los del Louvre o el Museo Británico. En pleno Romanticismo, surge un interés inusitado por las culturas del Levante Mediterráneo y Asia Menor, interés que se materializará en sendas campañas como las llevadas a cabo por Schliemann en GreciaDenon y Champollionen Egipto – que viajaban con las tropas napoleónicas – o las de Botta y Layard en NíniveKhorsabad y NimrudEsas misiones arqueológicas se tradujeron en hallazgos tan importantes como las ruinas de la ciudad de Troya, la Piedra Roseta, o la gran colección de tablillas grabadas que componían la Biblioteca del rey asirio AsurbanipalDescubrimientos que permitieron descifrar la escritura jeroglífica y la creación, con posterioridad, de dos nuevas disciplinas dentro de la Arqueología: la Egiptología y la Asiriología.    

Y es que antes de que la Arqueología adoptara un método para convertirse en ciencia, la imagen del arqueólogo se correspondía más con la de un cazador de tesoros que con la de un verdadero investigador científico, levantando el recelo de aquéllos que veían el expolio de su patrimonio como un exceso de las potencias coloniales, Francia y Gran Bretaña, sobre todo, países que llegarían a rivalizar fuertemente en esta cuestión.

Sin embargo, casi dos siglos después, el cariz que están tomando los acontecimientos en Próximo Oriente, que habría resultado impensable en aquéllos días, justifica en cierta medida las decisiones que por entonces se tomaron, que han permitido salvaguardar parte de un patrimonio que, a estas horas, habría sido seguramente destruido en aras de la intolerancia más radical y de oscuros intereses que aún están por aclarar.

El artículo que os traigo a continuación, publicado en BBC News, es un homenaje a aquéllos que con su esfuerzo descubrieron al mundo una civilización, la asiria, de la que sólo se tenía constancia hasta entonces por las citas contenidas en el Antiguo Testamento.

Si Roma no pagaba traidores, el Imperio Británico no siempre recompensó a quienes creyeron ser sus ciudadanos de adopción, personas que pusieron a su servicio todo su talento y dedicación, y que como pago, sólo recibieron el desprecio y el olvido más absoluto.

Ésta es la historia de una de ellas.

THE MEN WHO UNCOVERED ASYRIA

By Daniel Silas Adamson

BBC News Magazine, March 22nd, 2015

LOS HOMBRES QUE DESCUBRIERON ASIRIA

Traducción: Andrés R2

Dos de las antiguas ciudades que están siendo destruidas por el Estado Islámico [EI, en adelante] yacieron bajo tierra durante 2.500 años. Sólo hace 170 que empezaron a ser excavadas y despojadas de sus tesoros. Es posible que las excavaciones allanaran el camino para que EI destrozara sus vestigios, pero aseguraron también que parte de los tesoros de una civilización perdida se salvasen.

Descubriendo Asiria
                                                                        George Smith

En 1872, en una trastienda del Museo Británico, un hombre llamado George Smith pasaba los oscuros días de Noviembre inclinado sobre una tablilla rota de arcilla. Era uno de los miles de fragmentos procedentes de las recientes excavaciones en el Norte de Irak, y estaba repleto de la intrincada escritura cuneiforme que había sido empleada en toda la Antigua Mesopotamia y descifrada durante la vida del propio Smith.

Unas tablillas mostraban los asuntos cotidianos de contables y administradores – una rueda de carro rota, un cargamento de vino retrasado, los precios del betún y de la madera de cedro. Otras, registraban las victorias de las tropas del rey asirio, o las profecías que los sacerdotes adivinaban en las entrañas de corderos sacrificados.

Sin embargo, la tablilla de Smith contaba una historia. Una historia sobre un mundo anegado por la inundación, un hombre que construye una nave, una paloma que se suelta en busca de tierra firme.

Smith se percató de que estaba contemplando una versión del Arca de Noé. Pero el libro no era el Génesis. Era Gilgamesh, un poema épico que había sido plasmado en arcilla fresca por vez primera en torno al 1800 a.C., unos mil años antes, aproximadamente, de que la Biblia Hebrea [el Antiguo Testamento Cristiano] fuese redactada. Incluso la tablilla de Smith, fechada en torno al siglo VII a.C., era mucho más antigua que el manuscrito más incipiente del Génesis.

Un mes más tarde, el 3 de Diciembre, Smith exponía su traducción de la tablilla ante la Sociedad de Arqueología Bíblica en Londres. El Primer Ministro, William Gladstone, era uno de los que habían venido a escuchar. Era la primera vez que una audiencia escuchaba “La Epopeya de Gilgamesh” en más de 2.000 años.

Descubriendo Asiria
                                  Escritura Cuneiforme

La conferencia de Smith causó sensación. Los hubo que se aferraron al poema con pía satisfacción, empleándolo para corroborar la verdad esencial de la Biblia. Pero hubo otros que lo encontraron más problemático. Tal y como el New York Times lo había llevado en su artículo de portada al día siguiente, la Tablilla del Diluvio había dado a conocer “diferentes tradiciones del Diluvio, además de la Bíblica, que quizás sea tan legendaria como el resto”.

Publicada menos de 15 años después de “El Origen de las Especies” de Darwin, “La Epopeya de Gilgamesh” fue percibida por muchos como otra gran grieta en el edificio del Cristianismo Victoriano.

La historia de cómo la Tablilla del Diluvio surgió de la marisma del Norte de Irak empieza en un lugar llamado Kouyunjik – uno de los yacimientos arqueológicos cuyas antigüedades asirias ya están siendo minadas por EI. Una historia que el Profesor David Damrosch de la Universidad de Columbia cuenta en “El Libro Sepultado: Pérdida y Recuperación de la Gran Epopeya de Gilgamesh”.

Kouyunjik está enclavada en las orillas del Tigris, frente a la ciudad iraquí de Mosul, y hace 2.700 años formaba parte de Nínive, la última capital de los asirios. En su cénit, era éste un imperio que se extendía desde las orillas del Golfo Pérsico hasta las Montañas de Anatolia y las llanuras aluviales de Egipto. Durante unos 300 años [entre 900 y 600 a.C., aproximadamente], fue la civilización conocida más avanzada, una superpotencia tecnológica construida sobre la prosperidad de sus mercaderes y la implacabilidad de sus ejércitos. Un grabado hallado en Kouyunjik muestra al rey asirio Asurbanipal disfrutando de un banquete en sus jardines mientras la cabeza cercenada de su enemigo, el rey elemita Tempti Khumma pende de las ramas de los árboles.

Pero Asiria no era invulnerable. En el año 612 a.C. Nínive fue saqueada en una rebelión encabezada por los babilonios. Dejaron en ruinas la ciudad más rica del mundo, sus palacios, ardiendo, sus habitantes, muertos o deportados como esclavos. La arena cubriría la biblioteca destrozada del rey Asurbanipal, y con ella, la copia cuidadosamente transcrita de “La Epopeya de Gilgamesh”.

2500 años después, en el invierno de 1853, el poema fue desenterrado por un hombre llamado Hormuzd Rassam.

Descubriendo Asiria
                                                              Hormuzd Rassam

Rassam se había criado en Mosul, al otro lado del río. En una momento en que las potencias imperiales veían a los oriundos como poco más que portadores de palas y asnos, él había sido designado por el Museo Británico para dirigir la excavación arqueológica más importante de la época. Era el primer arqueólogo nacido y educado en Oriente Medio.

La familia de Rassam era cristiana caldea, descendiente de los antiguos asirios que se habían convertido al Cristianismo en el siglo IV y que se habían se mantenido étnicamente separados de las poblaciones kurdas y árabes de Irak. La misma comunidad que el pasado año fue forzada por EI a convertirse al Islam, a pagar un tributo especial o morir. La mayoría de los cristianos asirios de Mosul han huido hacia el Este, a la región independiente del Kurdistán, o al Norte, cruzando la frontera, hacia Turquía.

Rassam creció en un Mosul apacible. La ciudad formaba parte del decadente Imperio Otomano, y era una provincia atrasada que poco podía ofrecer a un joven con talento y energía. Pero en 1845, cuando Rassam contaba 19, conoció a quien cambiaría su trayectoria vital, Austen Henry Layard.

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                                                                Austen Henry Layard

Layard era un aventurero que había llegado a caballo a Oriente Medio a finales de los años 30 [del siglo XIX, ndt], armado con un par de revólveres y bastante dinero en efectivo. Cuando llegó a Mosul, ya había visto los templos de Petra y Baalbek, así como las ciudades vivas de Damasco y Aleppo. Pero fue las ruinas por excavar de Irak lo que verdaderamente atrapó su imaginación.

“Un gran misterio envuelve Asiria, Babilonia y Caldea. Estos nombres vinculan grandes naciones y grandes ciudades… los valles que Judíos y Gentiles consideran por igual como la cuna de su raza”, escribió.

“Mientras el sol se ponía, vi por primera vez el gran montículo cónico de Nimrud alzándose contra el limpio cielo nocturno. Se encontraba al otro lado del río, no muy lejos, y jamás olvidaré la impresión que me produjo… mi mente no contemplaba otra posibilidad que excavar concienzudamente esas ruinas fabulosas”.

Tras años de negociaciones con las autoridades otomanas, Layard finalmente hundió la pala en el montículo de Nimrud, 20 millas al Sur de Mosul, en el verano de 1845. Este es el enclave que, según los oficiales iraquíes, EI empezó a derribar con retroexcavadoras a principios del mes de Marzo.

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                                  Plano de la ciudad de Nínive

La antigua ciudad asiria de Nimrud y sus inigualables riquezas

Nimrud cubre una extensión de unos 3,5 Km cuadrados, que alberga entre sus murallas un promontorio con una prominente ciudadela. Entre los principales edificios religiosos y administrativos se encuentran los enormes palacios de diferentes reyes asirios y los templos de Ninurta, dios de la guerra, y Nabu, dios de la escritura [también de la sabiduría, ndt]. El Palacio de Asurbanipal, también conocido como el Palacio Noroeste, fue excavado por primera vez por Austen Henry Layard en los años 40. Posteriores excavaciones fueron llevadas a cabo entre los años 50 y 60 [del siglo XX, ndt] por Max Mallowan, el esposo de Agatha Christie.

El primer día de excavación, Layard descubrió el contorno de un palacio real. Una semana más tarde, se encontraba extrayendo las enormes placas de alabastro que habían revestido sus muros, paneles que mostraban el poder del monarca asirio y la servil sumisión de sus enemigos. Al cabo de tres o cuatro años, Layard había desenterrado la civilización de la antigua Asiria – hasta ese momento, nada más que un nombre mencionado en las páginas de la Biblia – y llenado el Museo Británico de esculturas y escrituras procedentes de la cuna de la civilización.

Descubriendo Asiria
                                                          Trabajos de excavación en Nínive

Publicado en 1849, el informe de sus excavaciones “Las Ruinas de Nínive” se convirtió en un superventas de inmediato. Pero, como él mismo admitió, nada de ésto habría sido posible sin Hormuzd Rassam.

Puede que el inglés supiera cómo conseguir financiación de los fideicomisarios del Museo Británico, pero era Rassam quien sabía cómo tratar con los habitantes del Norte de Irak, y hablaba árabe, turco y sirio arameo, la lengua de los cristianos asirios. Era Rassam quien sabía cómo regatear con un jeque tribal, cómo sobornar a un gobernador local regalándole café, cómo alquilar 300 trabajadores para arrastrar una estatua colosal de un toro alado hasta el Tigris y hacerla flotar en una balsa de planchas de madera y pieles de cabra infladas.

Pese a su determinación, Rassam y Layard no pudieron enviarlo todo al Museo Británico. Entre los yacimientos excavados se encontraba la Puerta de Nergal [hijo de Enlil y Ninlil, dios sumerio – babilonio del inframundo, señor de los muertos, ndt], en la muralla norte de Nínive – la misma puerta donde un yihadista de EI grabó el mes pasado una diatriba contra el politeísmo y la idolatría del mundo preislámico.

La puerta está flanqueada con lo que Layard describió en su obra de 1853, “Descubrimientos entre las Ruinas de Nínive y Babilonia”, como “una pareja majestuosa de toros con cabeza humana, de catorce pies de longitud y, sin embargo, de una pieza pese a grietas y daños provocados por el fuego”.

Conocidos como Lamassu, estas bestias fueron enviadas a las puertas de las ciudades asirias para intimidar a los enemigos y ahuyentar a los espíritus demoníacos. No espantaron a los vándalos de EI, que destrozaron sus facciones con un taladro neumático.

Descubriendo Asiria
                                                                       Lamassu

Al tiempo que de forma conjunta rescataban a Asiria del olvido, Layard y Rassam forjaron una amistad que duraría para el resto de su vida. Donde Layard se deleitaba – como tantos orientalistas europeos – vistiéndose con ropa oriental, Rassam se afanaba en presentarse como un inglés victoriano. Cruzaba las llanuras de Irak en chaleco y chaqueta. Se convirtió al Protestantismo, que describía como “la auténtica religión de Gran Bretaña”. Pasó 18 meses estudiando en Oxford, donde aprendió patinaje sobre hielo y desde donde escribió a Layard, “preferiría ser un deshollinador en Gran Bretaña que un pachá en Turquía”.

Las excavaciones dependían tanto de Rassam que, cuando Layard se retiró de la Arqueología, el Museo Británico designó al joven iraquí para que las continuara. Regresando a Mosul, demostró una devoción digna de admiración por los intereses de su país de adopción.

La Arqueología resultaba fundamental para dichos intereses. En el curso superior del Tigris, los británicos y franceses rivalizaban por las antigüedades. Un francés llamado Paul Emile Botta [cónsul francés, que excavó los restos del palacio de Sargón II en Khorsabad, ndt] fue el primero en excavar Nínive, y aunque había suspendido los trabajos para centrarse en la aldea cercana de Khorsabad, se consideraba que el yacimiento permanecía bajo la esfera francesa de influencia.

Rassam, sin embargo, se encontraba en su tierra natal, justo al otro lado de la ciudad donde había crecido. Él no iba a ver los tesoros de Nínive, como los de Khorsabad, enviados al Louvre.

Careciendo de todo permiso oficial, y trabajando bajo el manto de la noche, Rassam puso a su equipo a excavar en el ángulo septentrional del promontorio. En Diciembre de 1853, tras una semana de excavaciones, un enorme banco de tierra se precipitó y Rassam oyó a sus hombres gritar “Suwar” – “Imágenes”. Allí, a luz de la luna, se hallaban paneles de piedra que habían sido tallados 2.500 años antes para las estancias del rey asirio Asurbanipal [Asurbanipal II, ndt], que gobernó entre 668 y 627 a.C.

Descubriendo Asiria
                                                                   Cacería de leones

Arte de una calidad arrebatadora – escenas de una cacería de leones por las llanuras de Mesopotamia, de los animales sucumbiendo a las flechas del rey, escenas de un patetismo y de una intensidad dramática que sobrepasaban a todo lo que se había excavado con anterioridad en Oriente Medio. “La escena de la cacería de leones data de la época más desarrollada del arte asirio”, afirma el Dr. John CurtisPresidente del Instituto Británico de Estudios Iraquíes“Los leones son representados en un estilo maravilloso, lleno de vida y naturalismo. Son los productos más exquisitos del tallado de relieves asirio”.

Aún conteniendo sólo la cacería de leones, el palacio de Asurbanipal habría sido uno de los hallazgos arqueológicos del siglo XIX. Pero el suelo de palacio estaba cubierto de los restos machacados de la biblioteca real. “Entre esos registros – escribió Rassam – se encontraron los relatos caldeos de la Creación y del Diluvio”. Rassam, pese a no leer en cuneiforme, y a no saberlo, había descubierto la Tablilla del Diluvio.

Las cajas que contenían la Biblioteca de Asurbanipal llegaron a Londres en el momento en que el joven George Smith se disponía a abandonar la escuela. Como Rassam, Smith no era miembro por derecho de la clase dirigente victoriana. Nacido en una familia de clase trabajadora, a los 14 años entró como aprendiz en una imprenta de papel moneda. El chico era un buen delineante, pero cuando empezó a trabajar, su imaginación ya estaba atrapada por las bravuconas aventuras de Layard y por las antigüedades que llegaban de Nínive y Nimrud. A mediados de los 50 [del siglo XIX, ndt], Smith ya frecuentaba el Museo Británico en su hora para comer, observando con detenimiento las tablillas cuneiformes que habían llegado de los palacios de los reyes asirios.

Hacia 1860, a los 20 años, Smith había empezado a entender tanto la escritura cuneiforme como la lengua acadia en la que la mayor parte de las tablillas estaban escritas. Un año más tarde, el personal del museo le contrató para limpiar y clasificar tablillas. Poseía una memoria visual asombrosamente buena, reagrupando y descifrando líneas de texto casi ilegibles que estaban dispersadas entre cientos de fragmentos destrozados. No tardaría Smith, que jamás había asistido a una universidad ni salido de Inglaterra, en hacer mayores descubrimientos en la Historia y Literatura del Imperio Asirio.

Se le gratificó con el reconocimiento de sus colegas asiriólogos, pero lo que él quería realmente era algo que le hiciera popularmente conocido – algo que podría justificar una expedición a Irak. En Noviembre de 1872, mientras deletreaba los poemas de la Tablilla del Diluvio línea a línea, supo que lo había encontrado. Uno de sus colegas escribió que Smith estaba tan excitado que “fue corriendo al salón” y “ante el asombro de los presentes, empezó a desnudarse”.

Dos meses después, con 1.000 guineas ofrecidas por el Daily Telegraph, George Smith fue enviado a Irak para concluir las excavaciones que había empezado la generación anterior.

Carente de la extravagancia de Layard y de la sabiduría de la calle propia de Rassam, Smith luchó para aguantar el calor y la pobreza del Imperio Otomano. David Damrosch afirma que estaba horrorizado por la falta de higiene, con el estómago revuelto por la imagen de un kebab, demasiado ingenuo para pagar el baksheesh, pequeño soborno que le habría facilitado toda transacción.

Pero no cabe duda de que George Smith era un genio redomado. A su muerte, en 1876, atrofiado por la disentería en Aleppo, había ya publicado ocho obras rompedoras sobre la historia y la lingüística asirias, realizado hallazgos arqueológicos mayores por docenas y redescubierto la primera gran obra de la Literatura universal. Tenía tan solo 36 años.

Habiendo fallecido Smith, Rassam fue puesto de nuevo al servicio del Museo Británico. Procedió a localizar y a excavar la ciudad babilonia de Sippar, a descubrir las grandes puertas de bronce del Palacio de Balawat, y a enviar más de 70.000 tablillas cuneiformes a Londres. Descubrimientos, todos, que deberían haberle hecho famoso – pero en la década de los 80, coincidiendo con sus últimas expediciones, Hormuzd Rassam sería borrado de los archivos.

Descubrimiento Asiria
                               Sir Henry Rawlinson

Sir Henry Rawlinson, que había sido Cónsul Británico en Bagdad cuando las excavaciones nocturnas de Rassam en Nínive, reclamaba la autoría del descubrimiento del Palacio de Asurbanipal. Rassam, escribió, era sólo un “excavador” que había supervisado el trabajo. Aún más insultante resultó la insinuación, hecha por uno de los restauradores del Museo Británico, de que Hassam había sacado provecho del tráfico ilegal de antigüedades que había proliferado en torno a las excavaciones en Irak.

Hormuzd Rassam, tan impresionado por las formas de la élite victoriana, y que había estado toda su carrera al servicio del Imperio Británico, recibió una buena dosis de esnobismo, desprecio y racismo. No pudo encontrar un editor británico que publicase sus memorias, y para cuando falleció en su casa de Hove en 1910, hasta su nombre había sido eliminado de las placas y de las guías de visitantes en el Museo Británico.

El único inglés que permaneció junto a él fue su viejo amigo Layard. Rassam fue, escribió, “uno de los colegas más honestos y de mayor rectitud que jamás conocí, y alguien cuyos servicios nunca han sido reconocidos”.

“A Rassam todavía se le recuerda en Mosul”, afirma el Dr. Lamia al – Gailani, un arqueólogo iraquí de la UCL [University College London]. “Están orgullosos de él”.

Sin embargo, en el Reino Unido, su reputación nunca ha sido recuperada del todo. Una generación después de que dejara el trabajo de campo, la Arqueología se desarrollaba como una búsqueda científica y disciplinada del conocimiento, más que una lucha imperialista y codiciosa por conseguir tesoros. Cada puñado de tierra era ahora cribado, cada semilla y diente, recogido, cada fragmento de cerámica, medido y analizado.

Layard y Rassam, que habían sido pagados por una potencia imperial para extraer las obras maestras del arte mesopotámico antes que los franceses, habían estado paleando los muros de adobe de edificios antiguos sin percatarse siquiera de ellos, habían guardado únicamente los registros más rudimentarios, y habían removido lugares que, explorados con menos precipitación y más metodología, podrían haber proporcionado enormes conocimientos sobre la vida de los asirios. Para los estándares de la Arqueología Moderna, no eran mucho más que cazadores de tesoros en la nómina del Museo Británico.

“Para los iraquíes, resulta conmovedor, por supuesto”, sostiene al – Gailani. “Durante mucho tiempo han venido al Museo Británico y visto estas antigüedades, y sienten que deberían ser devueltas a Irak. Pero, por el momento, guardian silencio. Porque ven lo que en Irak está sucediendo, y son conscientes de que estos objetos en el Museo Británico y en el Louvre han sido, al menos, salvados”.

No todos están tan dispuestos a exculpar a las potencias coloniales. Pero si consideramos todos los tesoros que Layard y Rassam sacaron de Mesopotamia, hubo líneas que no se cruzaron.

Sobre la más pequeña de las dos antiguas colinas de Nínive había un sepulcro que los oriundos llamaban Nebi Yunus. Decían que era el lugar de enterramiento del Profeta Jonás. Durante siglos, había sido un lugar de oración y peregrinación para las gentes de Mosul, cristianos y musulmanes por igual. Layard y Rassam sabían que se alzaba sobre un palacio real asirio. Pero era un lugar sagrado, y no podía ser molestado.

Descubriendo Asiria
                                La Tumba del Profeta Jonás antes de ser destruida por EI

Aunque EI no tienes tales escrúpulos. El 24 de Julio de 2014, sus combatientes coparon el sepulcro de Nebi Yunus con explosivos y lo volaron por los aires, enviando una nube de escombros al cielo sobre Mosul.

Los saqueadores que trabajaban para EI empezaron a excavar las ruinas bajo el sepulcro demolido. Según Qais Hussein RashidVice Ministro de Turismo y Antigüedades de Irak, las obras de arte allí contenidas ya han pasado de contrabando a manos de particulares en Europa.

Cientos son los enclaves antiguos ya en manos de EI. Pero bajo los escombros de Nebi Yunus se encuentra una franja de tierra que los arqueólogos han mantenido intacta – que acoge el palacio del monarca asirio Asarhaddon, y que podría contener algunos de los grandes tesoros artísticos o literarios del Mundo Antiguo.

Con toda probabilidad, nunca lo sabremos.

ALGUNAS ACLARACIONES SOBRE EL CONTEXTO HISTORICO:

  • Duración del Imperio Asirio: Sus inicios se remontan a la segunda mitad del III Milenio [tras la caída de la III Dinastía de Ur, al escindirse del Sur de Mesopotamia] hasta el año 612 a.C, coincidiendo con la toma de Nínive.
  • Cronología: Imperio Antiguo o Época Paleoasiria [1813 – 1393 a.C.]; Imperio Medio o Época Mesoasiria [1392 – 1077 a.C.]; Imperio Nuevo Asirio [911 – 609 a.C.]
  • Población: Nómadas semitas, establecidos en la ciudad de Ash – sur, Assur, nombre de la capital y del Imperio mismo.
  • Economía: Basada principalmente en el comercio de telas, de metales preciosos, oro y plata, y de otros, como el estaño, siguiendo las grandes rutas caravaneras. Centralizada en los karum, auténticos centros comerciales y administrativos. El más importante, el de Kanesh/ Kultepe, establecido en Capadocia, en la actual Turquía.
  • Sargón II [721 – 705]: Con él se inicia la llamada Dinastía de los Sargónidas. Uno de los reyes más prestigiosos del Antiguo Oriente, que si bien no fundó el Imperio Asirio, si lo configuró definitivamente, afianzando su poder.
  • Asarhadón [680 – 669]: Predecesor de Asurbanipal II.
  • Asurbanipal II [668 – 627]: Último rey de Asiria. Tras su muerte, habiendo dejado la cuestión sucesoria sin resolver, se precipitaría el final del Imperio.
  • Tempti Khumma [664 – 653 ]: Rey de Elam, abatido y decapitado tras su derrota en la Batalla del Rio Ulai frente a las tropas de Asurbanipal, que invaden su territorio.
  • Fin del Imperio Asirio: Se produce en el año 612 a.C., con la conquista de Nínive, y tras quince años de luchas intestinas, entre sus dos herederos, y exteriores. Arruinado, el país fue incapaz de contener el avance de medos y caldeos, con Nabopalasar al frente.

BIBLIOGRAFIA Y ENLACES WEB:

GALERIA DE IMAGENES:

Fuente:

Artículo original en

http://losportadoresdelaantorcha.com/httplosportadoresdelaantorcha-com365-2

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EL ARCA DE “NOE” ERA SUMERGIBLE EN FORMA DE PLATILLO ?

EL ARCA DE “NOE” ERA SUMERGIBLE EN FORMA DE PLATILLO ?

 

“La nave que construirás, sus dimensiones serán medidas

El ancho será igual a su longitud. Tú lo sellarás como el Abzu.”

Cuento sumerio del Arca

EL DISEÑO INUSUAL DEL ARCA DE NOE

El arca de Noé es representada generalmente en ilustraciones como una antigua nave de alta mar con el casco redondeado, con la proa y la popa acentuadas, con una quilla recorriendo la longitud completa de la nave. En su cubierta una cabina se muestra que funciona la longitud de la nave.

Esto es pura fantasía, por supuesto, basada en diseños actuales de las últimas edades medias en Europa. No tenemos absolutamente ninguna idea de exactamente cómo parecía el arca. Hay solamente dos descripciones de la nave en la literatura antigua, ninguna de las cuales es muy satisfactoria a los estándares de la ingeniería naval, puesto que son diseños totalmente innavegables.

El Antiguo Testamento lo describe como caja rectangular con los lados rectos, sin arcos, sin quilla y sin casco. De hecho la palabra hebrea usada para el arca es la de una caja o envase. Sin embargo, los hebreos pueden ser disculpados por su absurda interpretación puesto que eran un pueblo sin mar y tenían poca, o ninguna, experiencia con barcos.

Pero ésa no es ninguna excusa para la descripción del arca en los acontecimientos sumerios del diluvio. Se representa como cubo, si son los traductores creíbles. Esto no es muy convincente en vista del hecho de que los Mesopotámicos fueron una nación de alta mar. Los sumerios y los pueblos posteriores estaban bien familiarizados con los principios de construcción naval y de la navegabilidad. Todas las ciudades sumerias tenían acceso al mar y las naves de alta mar se describen a menudo con el ancla en estos puertos sumerios.

Obviamente, hay algo extraño en los acontecimientos sumerios o en la traducción y la interpretación de los textos proporcionados. Para que un pueblo de alta mar describa el arca como un cubo es totalmente absurdo.

EL ARCA EN EL GÉNESIS

La información en el Antiguo Testamento que está disponible refiriéndose a la configuración del arca de Noé deriva de Génesis 6. Hay desechos de información de otras fuentes religiosas. El texto completo del Génesis proporciona la descripción del arca como sigue:

“Haz para ti un arca de maderas bien acepilladas; en el Arca dispondrás celditas y las calafatearás con brea por dentro y por fuera. Y haz de fabricarla de esta suerte: la longitud del arca será de trescientos codos, la latitud de cincuenta y de treinta codos su altura. Harás una ventana en el arca, y en el techo o cubierta del Arca, le harás no plano sino de modo que vaya alzándose hasta un codo, y escupa el agua; pondrás la puerta del Arca en un costado, y harás en ella tres pisos, uno abajo, otro en medio y otro arriba.”

El arca se llama “Teba” que en hebreo significa caja, pecho, o compartimiento. Se describe como una caja rectangular con un fondo plano y lados rectos, 300 codos de largo, 50 de ancho, y 30 de altura. Puesto que un codo hebreo era 18 pulgadas (45 centímetros), sus dimensiones tenían 450 pies de largo (162 metros), 75 pies de ancho (27 metros), y 45 pies de alto (16.2 metros), y tales medidas fueron dichas para desplazar 43,300 toneladas.

Mientras que los hebreos tenían una palabra perfectamente buena para barco, por cierta razón eligieron llamarla caja o pecho. Esta caja de Noé no era una nave navegable y como está descrito fue simplemente una caja rectangular sin quilla, arcos y apoyos en la popa, y otros elementos esenciales, necesarios en las naves de alta mar.

Esta caja rectangular de Noé se habría sacudido y hecho incontrolable en los mares tempestuosos, y seguramente se habría dado vuelta como una tortuga repetidamente, haciendo un revoltijo completo de los ocupantes. Quizás los hebreos lo llamaron caja o pecho antes que nave porque eran un pueblo encerrado y no sabían nada de mares o ríos y navegación, mucho menos de diseño y construcción de barcos.

Los cronistas hebreos pudieron haber sentido que la palabra envase sería más entendible para su gente pastoral. Esto indica que la leyenda de la gran inundación fue manipulada y modificada indudablemente por los primeros sacerdotes hebreos para satisfacer sus propósitos.

La historia de la gran inundación fue conocida por todo el mundo y en el Oriente Medio puede ser encontrada en el Poema de Gilgamesh que se cree haber sido escrita cerca del 2,000 AC, de los acontecimientos sumerios que regresan a los días de un rey llamado Gilgamesh que gobernó en el siglo 28 o 29 AC.

La parte mas antigua del Génesis no fue escrita antes del año 1,000 AC., y al parecer es una versión de los acontecimientos sumerios que circularon en Mesopotamia y el Levant en la forma acadia o semita. Indica que la historia del Antiguo Testamento pasó con un número de cambios y enmendaciones hasta que se convirtió en parte del Libro del Génesis.

Esta “caja” de Noé tenía tres cubiertas y numerosos celdas o compartimientos sin especificar. Tenía una puerta a su lado y una abertura debajo de la línea de la azotea para dejar entrar la luz. La frase “Harás una ventana en el arca, y en el techo o cubierta del Arca” ha sido interpretada por muchos eruditos bíblicos para significar que Noé debía construir una abertura para la luz totalmente alrededor de la arca.

La nave fue construida de madera bien acepillada, una expresión que es totalmente no identificada. La palabra no tiene ningún origen sumerio o de acadio y es un completo misterio puesto que no aparece en ninguna parte otra en las Escrituras. En vista de la evidencia siguiente, sugerimos que no se refiere a una madera natural sino que puede ser una madera tratada, hecha impermeable por un proceso de impregnación como la madera de construcción de hoy que es tratada a presión.

Nota del Traductor: -En la Biblia inglés dice: “Word Gopher” que significa madera Gopher. Y en la Biblia en castellano dice: “Madera bien cepillada”

LOS PROBLEMAS CON EL DISEÑO DEL ARCA SUMERIA

La más vieja historia conocida del diluvio se encuentra en el Poema Gilgamesh donde Utnapishtim dice para construir una nave para sobrevivir la catástrofe que viene. El nombre sumerio del héroe es Ziusdra, como el utilizado en el Poema de Atrahasis, el acontecimiento original del diluvio. Utnapishtim es el nombre de acadio o semita para el héroe y como tal es el héroe del Poema Gilgamesh, la versión semita mejor conocida de de la historia del diluvio.

En los acontecimientos sumerios, la palabra usada es “Magurgur” o “Nave muy grande”. En la versión acadia y semita del poema, también se llama una gran nave de “rabitu elippu”.

Distinta de las tres cubiertas de la arca de Noé, el arca de Utnapishtim tiene siete cubiertas y después se divide en nueve secciones o compartimientos. Tenía una puerta y también cierta clase de ventana. Las traducciones tradicionales divulgan a la nave como un cubo exacto, con la altura, la longitud, y el ancho cada uno de 120 codos. Puesto que el codo acadio era 20 pulgadas (46 centímetros), el la nave sería un cubo perfecto de 200 pies (72 metros) en cada lado.

Tenemos otra vez el fastidioso problema de la falta de navegabilidad. Mientras que los eruditos han insistido en traducir la configuración de la arca de Utnapishtim como cubo perfecto, el sentido común nos dice que este diseño es totalmente impráctico.

Un cubo sería altamente inestable balanceándose continuamente en los mares tempestuosos. Los tripulantes realmente estarían revueltos Con su carga humana y animal, parecería que la estabilidad sería el factor más supremo del diseño y de la construcción de la nave o barco.

En su estudio El Poema Gilgamesh y el Antiguo Testamento, el conocido erudito Aleksander Heidel ha tratado el problema de la interpretación donde ciertos eruditos creen que un diseño circular del arca sería mucho más práctico y que el texto se presta fácilmente a esta interpretación. Sus opiniones, sin embargo, han sido rechazadas por otros eruditos.

No está claro en el texto que la figura para el ancho de barco de 200 pies (72 metros) se aplican al diámetro o al radio de la nave. Si lo último es verdad, entonces la nave sería de 400 pies (144 metros) de diámetro y 200 pies en altura o espesor. Además, los acontecimientos sumerios no mencionan un cubo sino simplemente declaran que “el ancho será igual a su longitud”. Esto también se aplica ciertamente a un diseño circular.

Si se postula un diseño circular, después el compartimiento nueve irradiaría como los rayos de una rueda, en forma de secciones de un pastel. Un diseño aerodinámico elipsoide, tal como loa encontrados en sumergibles modernos habría tenido ciertamente más sentido y proporcionaría estabilidad en los mares tempestuosos para los cuales fue pensado.

Los acontecimientos sumerios también revelan que el dios Shamash (Príncipe Utu, Comandante Espacial Nibiruano) desempeñó un importante pero no identificado papel en su construcción así como aconsejar a Utnapishtim al momento de lanzar la nave. Puesto que Enki era el dios sumerio de la construcción naval y lógicamente el consejero en la construcción de la nave, por toda la tradición él debía haber sido el único que trataba con Utnapishtim, antes que con Shamash, el dios y el jefe astronauta que estaba a cargo de los cohetes y vehículos espaciales.

Esta ayuda divina también se observa en el antiguo documento religioso el Libro Etíope de Enoc, donde el arca se dijo haber sido diseñada por la deidad y construida por un grupo de ángeles que probablemente son los ingenieros astronautas de Shamash.

La forma circular del arca con una fila de las ventanas a lo largo de la tapa y diseñadas por el principal astronauta Shamash habría probablemente resultado un óvalo o platillo en forma de nave. Hay también evidencia que el arca de Utnapishtim fue propulsada por una cierta clase de barra de combustible como parte de un sistema de propulsión, haciéndolo así maniobrable y capaz de mantener estabilidad en los mares tempestuosos para los que fue pensado.

[Comentario (del autor): Quizás necesitamos de nuevo recordar que la fisiología y el cerebro de Noé no eran diferentes de las fisiologías y cerebros que tenemos hoy. Si una persona moderna puede ser entrenada para maniobrar un submarino, entonces Noé y su familia habrían podido estar así de entrenados.] (Comentario mío: Si Noé era hijo de Enki, definitivamente su cerebro era distinto a nuestros cerebros actuales, seguramente más evolucionado, por sus genes anunnaki)

LOS MÁSTILES SUMERIOS Y LAS BARRAS DE COMBUSTIBLE

Cuando la nave estaba siendo construida e impermeabilizada y antes de que sea terminada, ciertos artículos llamados “mástiles” fueron cargados a bordo. Utnapishtim describe cómo: “Proporcioné los mástiles y los almacené encima de una fuente”. Éstos eran al parecer de importancia suprema para ellos, y fueron cargados mientras se hacía construcción y antes de que el arca fuese acabada. Entonces estaban abordo solamente los alimentos, las provisiones, y el personal.

Es bastante desconcertante porqué Utnapishtim requeriría estos mástiles, tales como los usados por los barcos actuales de río para cruzar las aguas poco profundas. Esta era una nave cerrada y sellada y vemos otra vez la traducción y la interpretación tradicional como ilógicas.

Este artículo extraño también aparece anterior en el Poema de Gilgamesh que en ese entonces tuvo que cruzar un área peligrosa llamado el “Mar de la muerte”, para alcanzar a su abuelo Utnapishtim que estaba supuestamente con los dioses. Mientras que este “mar peligroso” que él tuvo que cruzar se ha interpretado como área acuosa, puede muy bien haber sido una metáfora para un viaje a través de ese mar extenso de aire llamado la atmósfera, que tuvo que ser atravesada para alcanzar a los dioses.

Para este viaje, Gilgamesh tuvo que obtener 120 de estos mástiles. Estos se podían utilizar solamente una vez y fueron consumidos mientras eran utilizados. Cada mástil era bueno para solamente un empujón y entonces se contaminaba y tenía que ser lanzado lejos.

Para desear un nombre mejor, ellos los llamaron “mástiles”, sin duda influenciados por las naves modernas de río, pero el significado no está claro y básicamente el término significa un palo o una vara que empuja.

En términos modernos los describiríamos como barras de combustible puesto que fueron asociados al sistema de propulsión del barco. En este sentido, podrían ser o barras de combustible insertadas en un reactor nuclear para controlar la salida de energía o más probablemente, los tubos o barras llenas del propulsor sólido usados en una cierta clase de sistema de propulsión del cohete.

Fuente:

POR: @Mparalelos

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